Trump recibe en Florida a socios latinoamericanos para la cumbre sobre crimen e inmigración
La cita se enmarca en lo que el republicano llama la “Doctrina Donroe”, su versión de la histórica Doctrina Monroe, con la que ha prometido intervenir para promover los intereses de Washington en el hemisferio occidental y frenar la influencia de potencias como China.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe este sábado en su club de golf en Doral (Florida) a una docena de mandatarios afines de América Latina y el Caribe, entre ellos el Jefe del Estado de Bolivia, Rodrigo Paz, para la cumbre “Escudo de las Américas”, centrada en el crimen organizado, la inmigración ilegal y la injerencia extranjera en el continente.
La cita se enmarca en lo que el republicano llama la “Doctrina Donroe”, su versión de la histórica Doctrina Monroe, con la que ha prometido intervenir para promover los intereses de Washington en el hemisferio occidental, aumentar la seguridad del país y frenar la influencia de potencias como China.
Un ejemplo de ello fue la operación de las fuerzas estadounidenses que se saldó con la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, el 3 de enero en Caracas, o el bloqueo impuesto a la entrega de petróleo a Cuba.
MIRA AQUÍ: Rodrigo Paz ya está en Miami para participar en la cumbre ‘Escudo de las Américas’
En Doral, cerca de Miami, el mandatario recibirá a líderes derechistas, incluidos aliados cercanos como el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa o el salvadoreño Nayib Bukele, alabado por Trump por su exitosa y polémica campaña para reducir drásticamente la violencia de las pandillas.
La mayoría de los invitados comparte la preocupación de Washington por el auge del crimen organizado en el continente, un fenómeno que afecta incluso a países que hasta hace poco se consideraban bastante seguros, como Chile y Ecuador, explica Irene Mia, experta sobre América Latina en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés).
Esta situación, que ha ayudado a la derecha latinoamericana a ganar elecciones recientes, hace que la política intervencionista de Estados Unidos en el resto de América no haya recibido el rechazo que cabría esperar dada la larga historia de intervenciones de Washington en el continente, añade la analista.
Y algunos líderes, como Noboa, no dudan en estrechar lazos con Washington.
El presidente ecuatoriano anunció esta semana “operaciones conjuntas” junto a Estados Unidos y aliados regionales contra los narcotraficantes, que convirtieron a uno de los países más seguros de América Latina en uno de los más violentos en pocos años.
“Un equilibrio frágil”
Además de Bukele, Milei y Noboa, Trump invitó a los presidentes de Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Panamá, Paraguay, Guyana y Trinidad y Tobago, así como al presidente electo de Chile, José Antonio Kast.
Más allá de su afinidad ideológica con Trump, algunos de estos líderes han sabido aprovechar tácticamente su buena relación con el republicano. El hondureño Nasry Asfura recibió, por ejemplo, un apoyo importante del presidente estadounidense en las elecciones del año pasado.
Y en el caso de Milei, su buena sintonía con Trump facilitó que Estados Unidos otorgara un apoyo por 20.000 millones de dólares mediante un canje de divisas el año pasado.
Pero esta coalición de gobiernos afines plantea interrogantes sobre su alcance y durabilidad, según Irene Mia.
La experta señala que las propuestas de Washington para América se basan en una agenda puramente negativa. “Todo se reduce a las amenazas que representa la región para la seguridad estadounidense: la migración y el crimen organizado”, dice.
Algunos gobiernos, como el del centroderechista boliviano Rodrigo Paz, han mostrado su voluntad de abordar otros asuntos con Estados Unidos, diferentes de los de seguridad.
Su canciller, Fernando Aramayo, dijo el miércoles a la AFP que esperaba estrechar lazos en “comercio exterior, agricultura, salud, tecnologías, seguridad, minería y energía”.
Mia también apunta a otra debilidad de esta cumbre dedicada a la lucha contra el narcotráfico: la ausencia de México y Brasil, gobernados por los mandatarios izquierdistas Claudia Sheinbaum y Lula da Silva.
Los cárteles mexicanos dirigen la cadena global de narcotráfico y las organizaciones criminales brasileñas controlan puertos clave usados para el envío ilegal de droga hacia Europa, explica Mia. Una iniciativa sin ellos “no logrará resolver esos problemas”, añade.
La experta advierte también del riesgo de basar estas alianzas en la proximidad ideológica, puesto que los gobiernos pueden cambiar en las siguientes elecciones y tener diferentes prioridades.
Para ella, el apoyo de esos Estados “es bastante frágil debido a la relación problemática” entre América Latina y Estados Unidos.
“Es un equilibrio muy delicado saber si la población aprobará la política de Trump y hasta cuándo”, asegura.